El jazz, surgido a finales del siglo XIX en Estados Unidos a partir de la combinación de la música afroamericana con elementos de origen europeo, evolucionó hasta fusionarse con otras tendencias como el rock y la electrónica.
Desde pioneros como Louis Armstrong y Duke Ellington hasta innovadores contemporáneos como Kamasi Washington han dejado testimonio de la diversidad y complejidad del jazz.
El origen del movimiento musical
El jazz es un género musical caracterizado por la improvisación, melodías sincopadas y formas rítmicas muy intensas.
El elemento diferenciador de este estilo es la ausencia de partituras. Los esquemas armónicos y melódicos sirven de base sobre la cual el intérprete desarrolla libremente su música.
La palabra jazz, de origen incierto, comenzó a popularizarse en 1913 y se registró por primera vez en 1917 con la publicación de un disco de la Original Dixieland Jazz Band.
Sus raíces se remontan al último tercio del siglo XIX en EE. UU., cuando se produjo la combinación de elementos de ascendencia afroamericana con otros procedentes de la tradición europea.
Las primeras manifestaciones musicales de los esclavos negros asentados al sur del país aportaron patrones rítmicos y melodías sencillas, mientras que el sustrato europeo importado a América contribuyó con la instrumentación y las armonías.
La identidad del jazz primitivo se alimenta de diversas fuentes musicales como el blues, caracterizada por las progresiones de acordes simples y letras emotivas, y el ragtime, ritmos sincopados y alegres interpretados principalmente al piano.
El surgimiento del jazz tradicional tiene su cuna en la bulliciosa ciudad de Nueva Orleans, a comienzos del siglo XX, donde confluyeron las fuentes musicales citadas anteriormente. Su figura principal fue Buddy Bolden.
Paralelamente a este estilo, en la década de 1910, surgió la corriente Dixieland, integrada por músicos blancos que vivían cerca del Mississippi y utilizaban tiempos rápidos.
Estas dos tendencias se interpretaban en el célebre barrio de Storyville, cuyos locales de música en vivo fueron cerrados tras el fin de la Primera Guerra Mundial.
Entonces los artistas se desplazaron a las ciudades de Chicago, con orquestas que ensalzaban la improvisación, y Nueva York, donde desarrollaron un estilo más abierto en locales tan famosos como el Cotton Club de Harlem.

