HOTEL LINA: LA HISTORIA DE UNA MUJER Y DOS DICTADORES

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Santo Domingo, R.D.- En los años de la Era del Jefe, Trujillo viajó a España, invitado por Franco.

Fue un encuentro entre dos de las dictaduras más sangrientas de América y Europa.

Corría el año 1954 cuando, en agosto, Rafael Leónidas Trujillo aterrizaba en Madrid.

Lo recibió el anfitrión en persona: aquel militar español que gobernó a los españoles con mano férrea durante casi 40 años, hasta su muerte en 1975.

Chapita lo hizo durante 30 años en República Dominicana. El tirano español buscaba fortalecer sus vínculos políticos y diplomáticos en américa, una visita que en EU cayó como un proyectil en el mismo corazón de Washington y que más tarde serviría como argumento para que el imperio comenzara acariciar la idea de su derrocamiento, un hecho que tendría su efectiva ejecución, solo 7 años después.

El encuentro incluyó intercambio de regalos, elogios, lisonjas al más alto nivel, fiestas y alardes de control absoluto de ambos sanguinarios sobre la suerte de sus pueblos. En uno de esos banquetes, Trujillo probó la comida de una joven chef española llamada Marcelina Aguado de la Rosa, de apenas 28 años.

Era uno de los lugares visitados por Franco, previamente recomendado a su invitado especial. Leónidas Trujillo quedó encantado con el plato servido y pidió ver a la responsable de tal exquisitez.

Es entonces cuando conoce a Lina, como todos conocían a la hermosa Marcelina en el mundo de la gastronomía madrileña. Era el último de los agasajos oficiales para despedir a Trujillo cuando Chapita, impactado por la sazón de Lina, le pidió venir a Ciudad Trujillo como cocinera de Palacio, con un salario de mil quinientos pesos (RD$1,500.00), muy cercano a los ingresos de un secretario de Estado de la época.

El paquete incluyó alojamiento y las facilidades que implicaba ser la cocinera del Jefe. Fue una proposición que, además, buscó impresionar a toda la comitiva franquista y que contó con la bendición del anfitrión.

Según contó Font Bernard, político sagaz, escritor, historiador dominicano y amigo de Chapita, durante una sesión docente en la UASD, la joven mujer empacó de inmediato y, sin pensarlo dos veces, viajó a Santo Domingo.

A su llegada, fue recibida e inducida en sus quehaceres por un joven espigado, bien vestido, de porte afrancesado y fino trato: el doctor Joaquín Balaguer, a quien el destino preparaba para ser el sucesor de su jefe pocos años después y por 22 largos años.

Es así como Lina, regia, de mirada risueña y esbelta, pasa a ser la cocinera predilecta de la Casa de Gobierno, hasta que su fama llamó la atención de la temida primera dama, María Martínez de Trujillo. Y en el trujillato, cuando la doña se celaba, la orden era directa: se va. Trujillo, consciente de que la española no era una simple cocinera, sino un símbolo de las buenas relaciones con su homólogo Franco, ordenó a Balaguer encargarse de sacarla del Palacio y entregarle 25 mil pesos, el equivalente a 20 millones hoy en día.

Protegida por Trujillo como recuerdo de una nueva relación con el Estado Español, Lina se queda en Santo Domingo y da rienda suelta a su ingenio emprendedor, apoyada en la pequeña fortuna recibida. Primero, instaló una pequeña cafetería; después, en los años 60, abrió el Restaurante Lina, en la avenida Independencia.

Era diminuto, pero atractivo al gusto capitalino y punto de encuentro de los más adinerados y prestigiosos de la época. Los martes, el cocido español, a 5 pesos, reunía a diplomáticos, empresarios y políticos.

Era lo español auténtico en una capital que comenzaba a salir del aislamiento. Para los años 70, caída la dictadura, Lina da el salto definitivo y construye el hotel que llevó su nombre: el Hotel Lina, levantado en la avenida 27 de febrero.

El restaurante de origen fue incluido. La historia, recuerda Font Bernard, continúa con Cordobés, Bilbao e Ibérico. Medio siglo después, el edificio fue remodelado y hoy opera como el prestigioso Hotel Barceló, símbolo del emprendimiento y del valor de una joven mujer que sobrevivió a los celos infundados de una primera dama, a la inestabilidad política y económica, a la caída de la dictadura y de su padrino, convirtiendo su esfuerzo en un ejemplo de resiliencia.