Actualmente, la endometriosis no solo empeora la calidad de vida a una de cada diez mujeres en edad reproductiva, sino que también produce un considerable impacto a nivel del gasto sanitario.
Diversas teorías han sido propuestas para explicar cómo se desarrolla esta enfermedad crónica, potencialmente inhabilitante y sin cura, que aparece cuando tejido similar al endometrio crece fuera del útero.
Con bastante probabilidad, los síntomas se manifiestan porque esas células «desubicadas» responden a la estimulación de estrógenos (hormonas sexuales femeninas producidas por los ovarios) y de las propias células, lo que provoca inflamación, cicatrices y adherencias.
La endometriosis no solo afecta a la fertilidad, sino que también altera el metabolismo del hígado y del tejido adiposo y desencadena alteraciones en la expresión de determinados genes del cerebro. Esto último aumenta la sensibilización al dolor y genera trastornos del estado de ánimo.
Las terapias médicas y quirúrgicas pueden aliviar los síntomas y forman parte de un plan de manejo a largo plazo, aunque sigue siendo de vital importancia buscar nuevas opciones que ayuden a hacer más llevadera la vida de las pacientes.

