Superviviente de sucesivas crisis y aficionado a las apuestas políticas arriesgadas, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, vuelve a jugar fuerte pese a su desgaste interno y lo hace convertido en una de las figuras más visibles de la izquierda europea.
Tras una dura derrota en el Parlamento, que tumbó sus medidas para combatir la crisis de la vivienda, Sánchez anunció este lunes el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre.
La decisión llega tras semanas de creciente presión social por el encarecimiento de la vivienda, que ha provocado masivas manifestaciones en Madrid y otras ciudades, y en un contexto de fuerte fragilidad parlamentaria para su gobierno de coalición en minoría.
Tras ocho años en el poder, Sánchez afronta varios frentes internos: causas judiciales que afectan a personas de su entorno, críticas por la gestión de la crisis migratoria en Ceuta y una oposición que reclama desde hace meses su dimisión o la convocatoria de elecciones.
El contraste con su proyección internacional es marcado. El dirigente socialista ha reforzado en los últimos años su perfil fuera de España, especialmente por sus enfrentamientos con el presidente estadounidense Donald Trump.

