¿Está preparada República Dominicana para una sucesión presidencial exitosa?

0
2

La historia política dominicana de los últimos 96 años guarda un enigma difícil de descifrar y que llama la atención: la ausencia de una sucesión democrática directa por consanguinidad.

Desde la caída de la dictadura, ningún pariente directo de un expresidente de la República ha logrado ascender las escalinatas del Palacio Nacional mediante el voto popular, un fenómeno que en la actual coyuntura podría cambiar ante la existencia de dos figuras emergentes.

Un antecedente, aunque distorsionado, es el de Héctor Bienvenido «Negro» Trujillo Molina, hermano del dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien asumió la presidencia en dos periodos (1952-1960), pero bajo un esquema de gobierno “títere” y elecciones de partido único, careciendo de legitimidad.

Un líder histórico como Juan Bosch, primer presidente democrático tras la caída de Trujillo, no dejó descendencia política en el solio presidencial. Su sobrina, Milagros Ortiz Bosch, alcanzó la vicepresidencia (2000-2004) y aspiró, pero sin éxito, a la nominación por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Por su parte, a Joaquín Balaguer, que gobernó por 22 años, no se le conocieron hijos reconocidos públicamente ni familias interesadas en los «menesteres del poder». A pesar de su hegemonía de décadas, el caudillo reformista no fomentó una sucesión dinástica, dejando tras de sí un vacío que sus familiares no intentaron llenar en el ámbito electoral.