Durante años, y aún ahora, el cuidado facial se ha entendido como una sucesión de pasos automáticos: limpiar, hidratar y, con suerte, aplicar algún tratamiento específico (para las marcas de expresión, la piel grasa, sensible o seca, o aquella con tendencia acneica).
Sin embargo, si esta secuencia de pasos no está estructurada conforme a las necesidades de tu piel y no se convierte en un hábito diario coherente y constante, no servirá.
Esther Moreno, facialista y fundadora de Esther Moreno Studio, lo explica así: «Muchas personas se sorprenden cuando su piel empieza a mostrar signos de envejecimiento ‘de repente’, sin darse cuenta de que la piel no cambia de un día para otro. Lo que vemos hoy es el resultado directo de cómo la hemos cuidado, o descuidado, en nuestro día a día. La forma en la que tratamos la piel ahora es lo que va a permitir que mañana se mantenga equilibrada, luminosa y funcional, o que empiece a manifestar desequilibrios que podrían haberse evitado con hábitos adecuados y constantes».
Por ello, hoy, más que nunca, revisar nuestra skincare checklist se convierte en un ejercicio imprescindible si queremos realmente cuidar nuestra piel y que esté sana, equilibrada y luminosa a largo plazo
UNA LIMPIEZA EFICAZ
La limpieza es el punto de partida de cualquier rutina de cuidado, el cimiento sobre el que se construye el resto de los tratamientos, por ello prestar atención a que este punto de la skincare checklist se esté cumpliendo adecuadamente es lo más importante. «Tanto limpiar demasiado la piel como usar productos incorrectos puede ser tan perjudicial como no limpiarla suficiente», afirma la facialista.

