La práctica de actividad física y el deporte son pilares fundamentales para el desarrollo mental, físico, psicológico y social de los niños y adolescentes.
Además, los beneficios de mantener el cuerpo en movimiento incluyen ayudar a evitar las enfermedades, prevenir el sobrepeso y contribuir a la salud mental.
En el caso de las personas dentro del trastorno del espectro autista (TEA), el ejercicio es una forma terapéutica y divertida de ayudar a reducir la ansiedad y de mejorar otras habilidades como la coordinación, la socialización y el autoestima.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que cada persona con autismo es única, por lo que la elección del deporte y el enfoque deben adaptarse a sus necesidades y preferencias.
Los deportes tradicionales en equipo pueden resultar intimidantes debido a los diversos desafíos que enfrentan las personas dentro del espectro, como las dificultades de coordinación motora ojo-mano, las sensibilidades sensoriales, el equilibrio y la comunicación, pero a pesar de las limitaciones pueden participar de estas actividades en espacios adaptados y en versiones menos competitivas.

